viernes, 16 de junio de 2017

Premio Princesa de Asturias para la detección de las ondas gravitacionales

Premio Princesa de Asturias para la detección de las ondas gravitacionales
El proyecto Ligo fue galardonado en el área de Ciencias por dar respuesta a "uno de los desafíos más importantes de la física en toda su historia".
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14 de junio de 2017 11:48 AM
Actualizado el 14 de junio de 2017 12:37 PM
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Premio Princesa de Asturias para la detección de las ondas gravitacionales
Oviedo.- El proyecto Ligo, que permitió la detección directa de las ondulaciones del espacio-tiempo anticipadas hace un siglo por Einstein con su Teoría General de la Relatividad, obtuvo ayer el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.
El jurado consideró que el proyecto ha dado respuesta a “uno de los desafíos más importantes de la física en toda su historia”.
Tres de los impulsores de este “reto tecnológico de primera magnitud”, los físicos estadounidenses Rainer Weiss, Kip Thorne y Barry Barish también fueron reconocidos con este galardón fallado hoy en Oviedo (norte), el séptimo de los ocho que anualmente concede la Fundación Princesa de Asturias.
El acta del jurado incide en que con esta distinción se reconoce tanto el talante individual como colectivo de un proyecto investigador en el que trabajan más de un millar de investigadores de un centenar de instituciones e investigaciones de 18 países y que ha permitido “observar colisiones de agujeros negros muy masivos que ocurrieron hace más de mil millones de años”.

“La detección de ondas gravitacionales abre una nueva ventana para el estudio del universo que permitirá descubrir nuevos fenómenos y alcanzar regiones del espacio-tiempo no accesibles con las técnicas actuales”, destaca el jurado en el acta del fallo.
Hasta ahora, la astronomía estaba basada en la luz, las ondas de radio o los rayos X mientras que ahora, las ondas gravitacionales (las ondulaciones que se dan en el espacio-tiempo) están llamadas a ganar terreno porque son absorbidas muy fácilmente por la materia existente, con lo que son prácticamente transparentes al universo.
Para su detección y estudio, los físicos Rainer Weiss y Dip S. Thorne, junto al recientemente fallecido Ronald Drever, propusieron en los años ochenta la construcción del Laboratorio de Interferometría de Ondas Gravitacionales (LIGO son sus siglas en inglés), observatorio que entre 1997 y 2006 estuvo dirigido por el tercer galardonado con este premio, Barry C. Barish.
Éste último fue quien impulsó hace 20 años la Colaboración Científica LIGO que ha integrado a investigadores y universidades de todo el mundo y que en febrero de 2016 consiguió demostrar por primera vez la existencia de esas ondas gravitacionales procedentes de la colisión de dos agujeros negros, un hito en la historia de la física.
Este descubrimiento ha permitido confirmar la predicción de Einstein, que valida uno de los pilares de la física moderna y abre una nueva ventana para observar el Universo.
Las ondas gravitacionales transportan información muy precisa sobre el movimiento de los objetos en el universo y permiten observar la historia del universo desde antes de que se hiciese la luz.
Esto ayudará a explorar cuestiones como la formación de los agujeros negros, la descripción correcta de la gravedad o cómo se comportan las estrellas de neutrones y las supernovas en determinadas condiciones.
En un escrito remitido a la Fundación Princesa, Barry Barish (Omaha, Nebraska, 1936), director de LIGO entre 1997 y 2006, asegura sentirse “humildemente honrado de recibir el prestigioso premio”.
Tras recordar que Albert Einstein predijo la existencia de estas ondas gravitacionales en 1916 y que tras años de desarrollar técnicas, afirmo que por fin pudieron observarlas “a partir de la fusión de dos agujeros negros 100 años después”.
Kip Thorne (Logan, Utah, 1940), uno de los astrofísicos más reputados y uno de los mayores expertos en la teoría general de la relatividad de Einstein, también aseguró estar “muy complacido” de que la Colaboración Científica LIGO reciba este galardón.
La portavoz adjunta de esta red, Laura Cadonati, también reivindicó en un comunicado que con esta investigación se han abierto “las fronteras de un nuevo tipo de astrofísica” que ya está dando lugar a “nuevas formas de comprender el lado invisible del universo”.
El Premio de Investigación Científica y Técnica ha sido el séptimo de los ocho galardones internacionales en fallarse que convoca anualmente la Fundación Princesa de Asturias, que este año alcanzan su XXXVII edición.  







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La astronomía de ondas gravitacionales, Premio Princesa de Asturias de Investigación
·         Wed, 14/06/2017 - 10:12

La colaboración científica de una veintena de países en el Laboratorio LIGO y tres de los físicos que la impulsaron, Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry C. Barish, fueron galardonados hoy con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.
Se concede ese galardón por sus aportaciones en la detección directa de ondas gravitacionales, en las que se basa la nueva astronomía.
El Laboratorio de Ondas Gravitacionales con Interferómetro Láser (LIGO, por sus siglas en inglés) cuenta con la colaboración de un millar de científicos de docenas de instituciones y universidades de una veintena de países que trabajan en la detección de ondas gravitacionales que puedan ser empleadas en la exploración de las leyes fundamentales de la gravedad.
El físico estadounidense Rainer Weiss (Berlín, 1932) fue el inventor de la técnica interferométrica láser en la que se basa el LIGO, que cofundó en los años ochenta junto a sus compatriotas Ronald Drever (fallecido el pasado mes de marzo) y Kip Thorne, conocido por defender la teoría de los "agujeros de gusano" para viajar en el tiempo.
El también físico estadounidense Barry Barish dirigió este observatorio entre 1997 y 2006 y fue quien propuso en 1997 la puesta en marcha de la Colaboración Científica LIGO (LSC) que cuenta con un laboratorio en Hanford (Washington) y otro en Livingston (Luisiana), así como con instalaciones en Hanover (Alemania) desde los que se buscan ondas gravitacionales de origen astrofísico y se desarrollan detectores de estas ondas a gran escala.
La Colaboración Científica LIGO (LSC) cuenta con un laboratorio en Hanford (Washington) y otro en Livingston (Louisiana), así como con instalaciones en Hanover (Alemania), desde los que se buscan ondas gravitacionales de origen astrofísico y se desarrollan detectores de estas ondas a gran escala.
Hasta ahora, la astronomía estaba basada en la luz, las ondas de radio o los rayos X mientras que ahora, las ondas gravitacionales están llamadas a ganar terreno porque son absorbidas muy fácilmente por la materia existente, con lo que son prácticamente transparentes al universo.
La astronomía de ondas gravitacionales ayudará a explorar cuestiones como la formación de los agujeros negros, la descripción correcta de la gravedad o cómo se comportan las estrellas de neutrones y las supernovas en determinadas condiciones.
Las ondas gravitacionales, que pueden surgir de la explosión de supernovas (explosiones estelares), transportan información sobre el movimiento de los objetos en el universo y permiten observar la historia del universo desde antes de que se hiciese la luz.
Los detectores LIGO comenzaron a funcionar en 2002 y trece años después la Colaboración Científica LIGO anunció la primera detección de ondas gravitacionales procedentes de la colisión de dos agujeros negros de características desconocidas hasta ese momento.
Ese hecho ha supuesto un hito en la historia de la física al confirmar la predicción hecha por Einstein en 1916 y ha marcado el inicio de un nuevo campo de la astronomía.
Este descubrimiento está considerado uno de los logros científicos más importantes del siglo al validar uno de los pilares de la física moderna -la teoría general de la relatividad- y abrir una nueva ventana para observar el Universo. EFE
CC




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